Plata quemada: desmanejo de fondos en la gestión de Ongarato

Editoriales 07 de abril de 2022 Por Redacción Cerro 21
El alquiler del edificio de Darwin, es uno más de los tantos despilfarros de los fondos públicos que va acumulando la gestión de Ongarato. ¿Alguna vez los responsables políticos se harán cargo de los errores?

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El pago del alquiler del edificio de la calle Darwin, es una estafa que se suma al gran prontuario de desmanejos de los fondos públicos que viene acumulando la gestión de Ongarato. Por desidia, descuido o inacción, el Municipio volvió a dilapidar los recursos de los esquelenses, tan necesarios para que – alguna vez – las promesas de obras se transformen en acción.

Desde el neurocoaching para liderazgo, pasando por la asignación indebida de microcréditos, hasta el pago de resúmenes de tarjetas de créditos de terceros, hay una larga lista de erogaciones realizadas desde la Intendencia que rozan con la malversación de fondos

La primicia revelada por FM Del Lago no se trata de un simple error. Más bien, es una forma de administrar el Municipio, donde no sólo cabe responsabilidad a la figura del intendente, sino a todos los funcionarios que pasaron por la gestión y ocuparon lugares de decisión para llevar adelante el manejo del gobierno.  

¿Para bien o para mal?

Si el alquiler de la oficina del inmueble de Darwin, pensado para el funcionamiento del Concejo Deliberante y otras dependencias, buscaba traducirse en un beneficio económico para el Municipio, terminó ocurriendo todo lo contrario. La propiedad jamás fue utilizada y los meses que el Gobierno pasó sin cancelar la totalidad de la deuda, derivaron a que la misma se elevara a un monto irrisorio, cercano a los $6 millones de pesos.    

En ese sentido, llama la atención que los responsables de la administración de la Municipalidad no hayan dado respuestas concretas sobre la delicada situación. Entre 2018 y 2020 (años en que se contrajo el convenio con la propiedad), ejercieron funciones varias figuras que ya no forman parte del gabinete de Ongarato. Entre ellos, el actual diputado nacional, Matías Taccetta, que cuando fue consultado por el hecho, no se hizo cargo y se excusó diciendo que en ese momento todavía no ocupaba el cargo de Coordinación y Gestión., pero que posteriormente había dado la orden de rescindir el contrato y anotició al intendente del problema. 

Hoy en día, si la culpa la tuvo Ongarato, Taccetta o un memo que se perdió camino a la oficina de Legales, poco importa. El hecho está consumado. Ya no sirve el pase de facturas ni alcanzan las disculpas para justificar el despilfarro de los $2.8 millones de pesos utilizados para pagar el contrato de una propiedad que nunca se usó.

Se pueden pasar la pelota, acusándose entre ellos. Pero la gente está harta de ese fatídico juego. En todos los actos administrativos de la Municipalidad hubo responsables políticos de la situación y son ellos quienes deben pagar. No puede ser que los vecinos siempre terminen rehenes de la inoperancia de sus gobernantes. Como dice el dicho, alguna vez, debe darse vuelta la taba.  

Y aunque en sus declaraciones el intendente trate de cubrir ese traspié, poniendo un manto de honestidad, argumentando que este carísimo desliz “no es un caso de robo ni corrupción”, sólo demuestran la impotencia de una gestión que le cuesta hacerse cargo de sus propios errores

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